El tercer debate presidencial fue el menos visto de los tres debates presidenciales. Sin embargo tuvo un buen dato de audiencia, llegando a los 59,2 millones de espectadores. Tal vez la bajada de la audiencia se debió al tema del debate, la política exterior, un tema que tradicionalmente no suele interesar mucho a los espectadores estadounidenses, o el hecho de que el espacio tuvo que competir con la final de la Liga Nacional de Béisbol y la última jornada de la NFL.
El debate, realizado en 22 de Octubre, con una duración de 90 minutos, se estructuró en torno a 6 bloques temáticos de 15 minutos de duración cada uno. El moderador del debate, el presentador de la CBS Bob Schieffer, inició cada tema con una pregunta, otorgando dos minutos a cada candidato para responder a la pregunta y luego iniciando una discusión general sobre el tema. Los temas que se trataron en los bloques fueron el desafío del Oriente Medio cambiante y la nueva cara del terrorismo, que ocupó dos bloques, uno sobre libia y otro sobre Siria; cual es el rol de América en el mundo; la guerra de Afganistán; Israel e Irán y China y el futuro de los USA.
Ambos candidatos salieron con carácter relajado al debate. Con las encuestas de intención de voto igualadas, a ninguno de los dos candidatos les convenía ser demasiado ofensivo. Aún así, Obama tenía un punto más agresivo que Romney, que salió mucho más cauto en los primeros minutos. Las principales críticas del candidato demócrata a su rival fueron las políticas desfasadas, sobre todo sobre las declaraciones del republicano, que consideraba a Rusia aún como una amenaza más poderosa que Al-Quaeda. También le reprocho que sus posiciones respecto a ciertos asuntos no es muy clara, por ejemplo, en el tema de Oriente Medio, donde el republicano siempre ha intentado no mojarse en asuntos como Afganistán Irán o Irak.
Romney no supo muy bien cómo afrontar el debate, se mostró dubitativo y no supo esbozar bien sus ideas. En muchos asuntos pareció bailar al son del Presidente y le dio la razón. Se vio un Obama con mucha más experiencia en política exterior, con pocos puntos débiles. Los pocos que encontró el candidato republicano, los intentó rentabilizar, como la posición contradictoria respecto a Siria, en contra de la intervención al principio y a favor ahora. Pero el republicano se vio desbordado en la primera parte del debate, pese a sus intentos de defenderse. Muchas veces trataba de desviar el asunto de una pregunta para no responderla, o respondía de forma vaga. Aun así acordaron en varios asuntos, como el apoyo a Israel en caso de ataque, o la amenaza que supone el proyecto nuclear de Irán.
A partir de la mitad del debate, se vio un panorama mucho más diferente. Romney logró que Obama entrara en asuntos económicos, como la financiación militar (que el Presidente pretende reducir), el sistema educativo o el Medicare. También salió a relucir el déficit y China. Obama aprovechó de los negocios de Romney y le atacó a raíz de China y la externalización de puestos de trabajo al país asiático cuando dirigía la empresa Brain Capital. Por su lado, el Gobernador de Massachusetts ha vuelto a repetir sus estrategias, y volvió a acusar a Obama de descuidar la economía y preocuparse por asuntos menores. Éstas son la frases más destacadas en el tercer debate presidencial.
Obama consiguió en este tercer debate recortar las distancias ganadas en el primero. La CNN en su encuesta instantánea le declaró ganador, con un 48% frente a un 40% de Romney. Por su lado, su victoria según la encuesta de la CBS es mayor, de un 53% a 23%.

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