La universidad de Denver acogió el primer debate presidencial. Y sin duda, este ha sido el que más ha afectado a la intención de voto. En el debate, de 90 minutos de duración y presentado por Jim Leher de la PBS, los candidatos tuvieron tiempo para discutir de los temas capitales de la política nacional de los EEUU: el sistema de sanidad Medicare, el presupuesto de defensa, el Pentágono, el problema de la educación, el déficit y los impuestos. Más de 67 millones de espectadores siguieron en directo el debate del 3 de Octubre, seis millones más que los que siguieron el mismo debate en 2008. Como es tradicional, la discusión se ha estructurado en 6 bloques de 15 minutos, 2 minutos cada candidato para responder a la pregunta introductoria del presentador y el tiempo restante para un debate orientado sobre el asunto.
Ambos habían presentado ya sus propuestas, y Obama partía con una ligera ventaja ante Romney. Según la prestigiosa encuesta del Washington Post antes del debate, el candidato demócrata contaba con el apoyo del 49% de los grandes electores, en comparación al 47% de apoyos con los que contaba Romney. Por otro lado, el candidato republicano no había reducido las distancias significativamente con el Presidente en los últimos meses, y su elección como candidato no se había producido de forma tan unánime como era esperado.
Pero Obama pareció relajarse o llegar sin animo de atacar, al verse por delante en la encuestas. Salió al debate sin ritmo, sin contundencia y con unos argumentos débiles. Y eso lo aprovechó el candidato republicano. Logró acorralar al presidente poniendo en duda su política económica y sus planes para el futuro del país. Mientras que Obama insistió la herencia de una situación económica ya decadente, Romney proponía más libertad a Wall Street revocando la ley Dodd-Frank, más austeridad y doce millones de empleos.
La economía fue sin duda el punto débil de Obama, y el presidente no se supo defender. Según Romney, el demasiado intervencionismo estatal, una excesiva preocupación por la reforma sanitaria, un desempleo desorbitado (un 8%) y una economía cada vez más débil son las claves para la decadencia del país. Por su lado, el demócrata intentó quitarse la presión a duras penas, remarcando el valor de la clase media americana, una bajada en el presupuesto de defensa, y defendió el papel intervencionista del gobierno federal en economía y en sanidad, remarcando que la función de su gobierno es garantizar la seguridad de la población. Además, comparó las políticas de Romney con las de George W. Bush.
Pero aun así, las palabras del demócrata carecieron de la contundencia que se le esperaba, y parecía reticente a atacar a su rival. No logró rentabilizar la visión de multimillonario alejado de la realidad social que tiene de él el ciudadano americano. Romney también tuvo carencias evidentes, pese a que en varios puntos del debate sacó a relucir sus buenas gestiones económicas, no logró esbozar un modo concreto de reducir el déficit o de crear empleo, limitándose a enumerar una serie de pasos y a presentar su objetivo. Estas fueron las frases claves del enfrentamiento.
Al final del enfrentamiento, la encuesta instantánea de la CNN mostraba una victoria de un 67% para Romney frente al 25% de Obama. Un vuelco respecto a las expectativas de los medios antes del debate, que esperaban una victoria clara del Presidente. Además, Romney consiguió un botín mayor, ya que tras el debate, una encuesta sobre la confianza en los candidatos indicaba que los estadounidenses creen que Romney es más capaz de reducir el déficit del país.

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